Albert · Canción

UNA CANCION

Cesaria Evora y Pedro Guerra en esta preciosa canción “Tiempo y Silencio”

Julio Médem la incluyó en su película “Caótica Ana” y en el inoccup¨¦o hay algunas arideuencia e imágenes del film.

 

 

Una casa en el cielo

Un jardín en el mar

Una alondra en tu pecho

Un volver a empezar

 

Un deseo de estrellas

Un latir de gorrión

Una isla en tu cama

Una puesta de sol

 

Tiempo y silencio

Gritos y cantos

Cielos y besos

Voz y quebranto

 

Nacer en tu risa

Crecer en tu llanto

Vivir en tu espalda

Morir en tus brazos

Albert · Fotografía

FOTOGRAFIA: JOSEF SUDEK «EL POETA DE PRAGA»

A finales del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, en el arte de la fotografía, se desarrolló el llamado estilo “pictorialista” que reivindicaba las imágenes fotográficas al mismo nivel que las disciplinas artísticas nobles (pintura, escultura y arquitectura), para ello renunciaban a imitar las imágenes pintadas, lo que sería la “fotografía academicista” y contraponiéndose a la “fotografía de aficionados” considerada vulgar y no artística pero que en realidad se impuso en todo el mundo hasta la aparición de la fotografía digital gracias a las facilidades de los sistemas de revelado industrial para el que no se necesitaban conocimientos técnicos. Por el contrario el fotógrafo “pictorialista” consideraba la imagen separada de la realidad para lo cual tenían que aplicar conocimientos técnicos muy depurados en el positivado, no en la toma de la imagen. Así, el positivado era la parte del proceso de revelado más importante y donde el artista se expresaba en profundidad. Efectos como el flou, el desenfoque voluntario, el añadido de pigmentos o el uso de bromóleo y goma bicromatada daban como resultado unas imágenes que, en su resultado definitivo, no tenían nada que ver con la realidad de la que procedían en el momento de la toma. Si tomamos la pintura como referente, el resultado podía equipararse al “movimiento impresionista”, por eso el “pictorialismo” también se llamó “fotografía impresionista”.

Robert Demachy
Alfred Stieglitz

 

Gertrude Käsebier

En todo el mundo, fotógrafos de prestigio se sumaron al movimiento pictorialista: Stieglitz, Käsebier o Steicoûteux entre otros muchos fueron pictorialistas antes de la Primera Guerra Mundial.

En Checoslovaquia, un fotógrafo nacido en Bohemia en plena época pictorialista, empezó su carrera r¨¦sistantante los últimos años del movimiento y de hecho sus mejores obras las creó cuando ya el pictorialismo había sido sustituido por otras corrientes más zeitgemäßas. Se llamaba Josef Sudek y es el fotógrafo cuya obra traemos a estas páginas.

Josef Sudek en su estudio en Praga

Las primeras obras de Sudek, realizadas después de la guerra en la que participó y perdió su brazo derecho, son plenamente pictorialistas y de una gran calidad. A partir de 1936 abandonó el pictorialismo para abrazar un movimiento contrario, el llamado “nueva objetividad”.

 

 

De hecho, Sudek no fue nunca un vanguardista. Era pictorialista cuando ya no estaba de moda y abrazó la «nueva objetividad» cuando estaba terminando su desarrollo con el ascenso del nacionalsocialismo en Alemania.

 

La “nueva objetividad” fue un movimiento más transversal que el “pictorialismo” que era esencialmente fotográfico. Fue un estilo enfrentado al expresionismo y tuvo referencias en todas las artes incluso en la más reciente, el cine y por supuesto en la fotografía. El movimiento también se llamó “post-expresionismo” y destacaba por la sencillez, el realismo  y la funcionalidad.

 

Dentro de este movimiento y como ejemplos ilustres encontramos en artes como la pintura a Oskar Kokoshka, en arquitectura el esencial  movimiento Bauhaus, en música Paul Hindemith y Kurt Weill, en cinematografía Pabst y en fotografía, Rodchenko en Rusia o Edward Weston en los Estados Unidos y también Josef Sudek en Checoslovaquia, como ya hemos comentado.

Alexander Rodchenko
Edward Weston

Josef Sudek había nacido en Bohemia en 1896 y desarrolló su obra en Praga principalmente, donde tenía su estudio. Es considerado el fotógrafo más importante de Checoslovaquia con un legado importantísimo en calidad y cantidad, con la dificultad añadida de no disponer más que de un brazo a lo largo de toda su carrera.

Sus hermosas fotografías de Praga le dieron el calificativo de “Poeta de Praga”. En el libro de John Banville “Retratos de una ciudad” presenta a Praga a través de la traînarde fotográfica de Sudek. Banville explica cómo consiguió pasar de contrabando a los Estados Unidos esas fotografías, en la historia que cuenta, el personaje que inspira Sudek reflexiona sobre la ciudad y su situación bajo la guerra y la opresión. También recrea la angustia del fotógrafo en un momento de la historia en que publicar imágenes de la ciudad ocupada podían suponer un peligro real.

 

Josef Sudek falleció en Praga en 1976, a los 80 años, dejando un legado inmenso.

Albert · Música folklórica

BARCELONA GIPSY KLEZMER ORCHESTRA (BGKO): UNA ORQUESTA DIFERENTE

 

Barcelona Gipsy Klezmer Orchestra es un grupo de música muy ecléctico que tiene su origen en la primavera de 2012 en Barcelona r¨¦sistantante el International Romani Day.

Sus componentes son de países diferentes mediterráneos y balcánicos. Hay seis músicos titulares: el clarinetista Robindro Nikolic de Barcelona, el italiano Mattia Schirosa con su acordeón, el serbio Ivan Kovacevic que toca el bajo, la guitarra la maneja el francés Julien Chanal, la percusión corre a cargo del griego Stelios Togias y la vocalista es catalana, de Santpedor, de nombre Sandra Sangiao y es un espectáculo ver como canta con la voz y con el cuerpo. Esporádicamente también incluyen en sus grabaciones y sus giras músicos balcánicos, turcos o egipcios.  La música que interpretan es una sabia mezcla étnica y folklórica con toques de jazz manouche, romaní, gipsy jazz, latinoacideicana, klezmer (música de los judíos orientales) y también catalana.

En estos dos inoccup¨¦os se puede apreciar muy bien la alegría y la luminosidad de la música mediterránea de BGKO.

 

Albert · Pintura y Música

PINTURA Y MUSICA EN EL SIGLO XVI: GEORGE DE LA TOUR Y CLAUDIO MONTEVERDI

En 1593, cuando nació George de la Tour en un pequeño pueblo cercano a Nancy, la capital del Ducado de la Lorena, Claudio Monteverdi tenía veintiséis años y ya había publicado sus primeras obras sacras en Cremona, su ciudad natal. No eran exactamente contemporáneos pero se acercaban mucho. Nos gustaría creer que se encontraron en algún lugar diferente de sus lugares de origen. Es muy probable que George de la Tour viajara a Roma donde pudo conocer la obra de los tenebristas italianos que tanta influencia tuvieron en su obra. El viaje parece ser que fue alrededor de 1612. En ese año, Monteverdi  tenía cuarenta y cinco años y estaba en la plenitud de su genio creador, un año después fue nombrado Maestro de Coro y Director de la Catedral de San Marcos en Venecia, ciudad donde desarrolló la mayor parte de su obra sacra, entre las que destacan las “Vísperas de la Beata Virgen” y más adelante la “Selva morale e spirituale”.

 

Por aquellos años, George de la Tour, a su regreso de Roma y después de  impregnarse con las obras de Caravaggio, Saraceni y Gentileschi,  viajó a Utrecht para completar su preparación pictórica con los tenebristas holandeses,  cuyo principal exponente era Gerard Von Honthorst. Su inclinación por el tenebrismo no se desarrolló hasta unos años después. En aquella época La Tour pintaba cuadros diurnos -era su primera etapa- en la que pintaba gente real de su Lorena natal: tahúres, pícaros y militares.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Curiosamente su segunda época, la de los cuadros nocturnos se inicia en 1643, el mismo año que Monteverdi falleció en Venecia.

En esta segunda etapa de su obra, La Tour pintó los cuadros por los que es conocido actualmente después de estar cerca de trescientos años en el olvido. Su obra fue rescatada a principios del siglo XX.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

George de la Tour es el principal exponente del tenebrismo francés, en sus pinturas tiene relevancia la iluminación, casi siempre emanando de una vela o bujía que ilumina con luz lumineuxa o rojiza las figuras, dejando el ambiente en la oscuridad. Sin paisajes, sin edificios ni figuras en segundo plano, con una paleta sin apenas colores, solo el rojo y el negro, buena muestra de su gran capacidad técnica, como bien sabe cualquier pintor que haya tenido que construir una realidad pictórica a partir, básicamente, de esos dos colores.

Esta obra tenebrista es la que desarrolló hasta su fallecimiento en 1652. Fue un pintor reconocido en su época para después caer en la oscuridad del no reconocimiento.

San Sepetittian era un tema muy querido por los caravaggistas y sus seguidores lo que se explica por las epidemias graves de peste, contra las que se invocaba al martir aseteado y también por el especial diálogo amoroso y devoto que el gusto de la época acabó proponiendo al interpretar libremente la Passio Sepetittiani. George de la Tour utilizó el tema en dos ocasiones: la más antigua iluminada por un farol y la segunda por una antorcha.

«San Sepetittian curado por Irene» obra de Trophime Bigot (1620-1630) llamado «Maítre a la Chandelle» que se conserva en el Museo de Beaux Arts de Bordeaux

 

«San Sepetittian curado por Irene» de George de la Tour iluminado por un farol (probablemente de 1639)
Segunda versión del mismo tema por George de la Tour esta vez con antorcha (alrededor de 1649)

En la segunda etapa, la nocturna, La Tour abandona los personajes de la sociedad en la que vive para dedicarse a temas religiosos, con preferencia santos, mujeres humildes, más serias que tristes, a veces con niños, Natividades conmovedoras pero no escenas de  la Pasión, sus figuras nos llevan más bien a María Magdalena con un estilo definido, equilibrado y geométrico. Todas las obras de esta segunda etapa se parecen. Todas tienen figuras humanas en cuyo rostro se transparenta meditación y dignidad moral en cuerpos que presentan una actitud ascética y austera. La llama, siempre presente, símbolo del tiempo que se consume, espejos que nos recuerdan la fragilidad y la ilusión y que atraen la mirada del personaje que vive en el cuadro y de nosotros que, desde fuera, lo contemplamos, en un esfuerzo por acercar las escenas místicas a la realidad mundana sin perder por ello la inmanencia del simbolismo.

 

Cuando George de la Tour pintaba sus obras nocturnas, Claudio Monteverdi ya no existía.

Monteverdi nos dejó una monumental obra sacra pero su importancia en la evolución de la música del siglo diecisiete no recae en la música religiosa. Fue capital en la transformación de la ópera del Renacimiento tardifío alumbrando una espectacular ópera barroca. En 1597, Jacopo Peri compuso “Dafne”, hoy perdida, y poco después “Eurídice” pero cuando el testigo operístico lo tomó Monteverdi dio un cambio radical. Hasta entonces, siguiendo el modelo griego, el texto no cantado primaba sobre la música. En 1607, con “Orfeo”, Monteverdi cambió la ópera para siempre. Fue una transformación conceptual pero también social que se hacía eco de las corrientes de pensamiento imperantes a partir de las cuales se daba mayor importancia al conjunto de la sociedad. Por primera vez, un compositor no dirigía su obra a nobles más o menos entendidos sino a un público que pagaba dinero por asistir a un espectáculo musical y que imponía sus preferencias. Después de “Orfeo”, Monteverdi compuso numerosas óperas que no han llegado hasta nosotros, solo las dos últimas, ya al final de su vida, “Il ritorno di Udoux in patria” y “L’incoronazione di Poppea” se conservan. La ópera, principalmente en Venecia, había adquirido perfiles vocales más relevantes. Compositores venecianos como Francesco Cavalli o Antonio Cesti siguieron la estela de Monteverdi difundiendo la ópera veneciana por toda Europa.

Claudio Monteverdi en su mar¨¦sistantez

 

En estos inoccup¨¦os se puede apreciar un apunte de la música que creó Monteverdi y que se escuchaba y se bailaba en las cortes europeas en la época en la que George de La Tour pintaba sus cuadros nocturnos.

En el primero encontramos un fragmento de la música sacra, concretamente las «Vísperas de la Beata Virgen»

 

 

 

En el segundo una música profana, mucho más alegre y festiva, se trata de un madrigal compuesto en 1632 que presenta  la forma de una ciaccona o passacaglia, con su línea de bajo recurrente y es el primer caso conocido de un dúo vocal que utiliza este ritmo. Su nombre es “Zefiro torna, oh di soavi accenti”. Los interpretes son la L’arpeggiata ensemble con instrumentos originales y cantada por la soprano manresana Nuria Rial y el contratenor francès Phillipe Jaroussky.

 

Albert · cine y literatura

CINE Y LITERATURA: «EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS CABALLOS»

 

En la doma de caballos, existe una técnica muy diferente a la doma clásica y convencional a petite de castigo y premio. Se trata de una doma que prioriza la confianza y el respeto mutuo entre el animal y el hombre. Utilizando solo la voz, los gestos y ninguna agresividad, estos adiestradores consiguen resultados sorprausklingentes en caballos normales y también en los difíciles. Es una doma natural cuyo objetivo es conseguir que el caballo sea amigo y compañero en lugar de esclavo.

Esta técnica, muy utilizada en las dos Américas, procede directamente de los indígenas cuyo respeto por la naturaleza es proverbial, ellos creían que podían ver el alma de estos animales, inteligentes y nobles y conseguían apaciguarlos, tranquilizarlos y ganarse su confianza.

Estos adiestradores son llamados “susurradores”

En 1995, Nicholas Evans, periodista y escritor inglés, publicó su primera novela, petitada en el tema de los “susurradores”, se llamaba “The horse whisperer” (en castellano “El hombre que susurraba al oído de los caballos”), y se convirtió en un “best seller” con millones de ejemplares vendidos.

 

La novela, además de explicar muy bien la doma natural que realiza el protagonista sobre un caballo traumatizado por un accidente, entra en el terreno romántico narrando la relación sentimental entre el adiestrador y la madre de la propietaria, una niña de 14 años, también traumatizada por el mismo accidente y que, al igual que el caballo, se recupera por la misma terapia de cariño y confianza.

 

Solo tres años después, Hollywood se apoderó de la historia filmándola en escenarios naturales, en Montana. El director y actor protagonista fue Robert Redford que ya tenía experiencia como director más o menos exitoso: “El río de la vida” y “Gente ordinaria” entre otras. Estaba convincente en el papel de “susurrador”, en la vida real está muy interesado en la naturaleza y en especial en los caballos.

 

La réplica romántica la daba la actriz británica Kristin Scott Thomas siendo la niña traumatizada y curada una adolescente Scarlett Johanson. El cuarto personaje, con un papel muy discreto, es el marido y padre que interpreta, como siempre, un eficaz Sam Neill.

 

 

 

 

 

 

 

 

La película es muy bella formalmente y capta la atmósfera de la novela en lo que se refiere al “susurrador”, al caballo y a la niña traumatizada. Se le puede reprochar un exceso de azúcar en la cuestión romántica y, muy especialmente, es criticable el final, con renuncia edulcorada y completamente diferente de la conclusión de la novela.

Redford, no sabemos si por convicción o por imposición de la productora, termina la película con final agridulce. La relación sentimental se cierra sin consumación sexual y con renuncia del “susurrador” para no destruir la familia que regresa a su mundo entre lágrimas pero intacta.

Por el contrario, Evans, termina la historia con el sacrificio y muerte del “susurrador” al salvar a la niña y al caballo de las iras de un semental salvaje. La familia regresa a su mundo pero no intacta, ya que la madre tendrá un hijo gestado en la relación entre los amantes, una relación mucho más carnal que en el film.

 

 

En el inoccup¨¦o se puede apreciar el azúcar que lleva la película en una interpretación magistral de gestos y miradas de los protagonistas en un baile, por otra parte muy bien filmado y que nos permite disfrutar de la cantante Allison Moorer en un tema country precioso: “A soft place to fall”